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Crimen organizado transnacional en el Perú: ¿por qué capturar bandas ya no es suficiente?

1 oct
5 min de lectura


La persistencia de la extorsión, el sicariato y otros mercados ilícitos plantea una pregunta estratégica: ¿las fuerzas de seguridad están enfrentando bandas aisladas o redes criminales capaces de reemplazar rápidamente a sus integrantes y mantener funcionando el negocio ilegal?


El Perú vive una aparente paradoja. Con frecuencia, la Policía Nacional anuncia capturas, megaoperativos y la desarticulación de bandas criminales. Solo entre el 19 de mayo y el 18 de junio de 2026, el Ministerio del Interior informó la desarticulación de 1.208 bandas y 14 organizaciones criminales. Sin embargo, actividades como la extorsión continúan teniendo una presencia significativa. El Ministerio Público registró 12.634 denuncias por extorsión y chantaje durante el primer semestre de 2026, aproximadamente 70 al día.


Esto no significa que los operativos policiales sean inútiles. De hecho, cifras policiales reportaron una reducción interanual de determinados delitos durante los primeros meses de 2026. El problema es diferente: capturar a quienes ejecutan el delito no necesariamente significa desmantelar la estructura económica, logística y financiera que permite que ese delito continúe.


De bandas a redes criminales

La evidencia disponible sugiere que el Perú enfrenta cada vez menos un fenómeno compuesto únicamente por pequeñas bandas independientes y cada vez más un ecosistema donde conviven organizaciones locales, redes flexibles y estructuras transnacionales.


El Global Organized Crime Index 2025 asigna al Perú un índice de criminalidad organizada de 6,62 sobre 10. Dentro de sus indicadores, las redes criminales alcanzan 8,5; los actores vinculados o insertados en estructuras estatales, 8,0; y los actores criminales extranjeros, 6,5. El índice describe además estructuras descentralizadas capaces de cooperar con actores extranjeros y privados, una característica que dificulta su persecución.


El caso del Tren de Aragua ayuda a entender esta evolución. Investigaciones de InSight Crime señalan que sus células en distintos países pueden operar con considerable autonomía, especializándose en determinadas economías criminales, pero manteniendo conexiones operativas y financieras. Más revelador aún: fiscales y funcionarios policiales peruanos entrevistados por esa organización señalaron que incluso se habrían enviado nuevos responsables para reemplazar a líderes de células detenidos en Perú.


Es decir, comienza a aparecer una característica propia de estructuras criminales más consolidadas: el individuo se vuelve reemplazable, mientras el mercado permanece.

Cuando cae la banda, pero permanece el negocio.


  • Un caso reciente permite observar este fenómeno. En agosto de 2026 fueron detenidos integrantes de “Los Intrusos del Tren”, organización investigada por adulterar tarjetas de la Línea 1 del Metro de Lima. Entre los detenidos había agentes policiales y se incautaron más de 1.280 tarjetas presuntamente manipuladas. La investigación calculaba pérdidas cercanas a S/10 millones anuales.


Sin embargo, el 3 de septiembre —menos de un mes después del operativo— un nuevo reportaje registró nuevamente “salderos” operando en estaciones como Atocongo, La Cultura y Jorge Chávez.


Aún no se ha establecido si pertenecen a la misma organización criminal, pero el episodio demuestra algo importante: el mercado ilícito sobrevivió a la captura de quienes lo controlaban.


  • Otro ejemplo más contundente ocurrió con Los Pulpos. Tras la captura en Bolivia de Jhonsson Smit Cruz Torres, señalado como uno de sus principales cabecillas, las investigaciones comenzaron rápidamente a identificar a un posible sucesor que estaría operando desde Chile. Dos semanas después de la captura, continuaban apareciendo amenazas atribuidas a la organización contra comerciantes en Trujillo.


  • Algo similar ocurrió con Los Injertos del Cono Norte. El Estado anunció en junio de 2025 la desarticulación de esta organización y posteriormente capturó en Paraguay a su cabecilla Erick Moreno, alias “El Monstruo”. En enero de 2026, sin embargo, la Policía detuvo a antiguos integrantes que, según las autoridades, habían creado otra agrupación denominada “La Gran Alianza” y continuaban realizando extorsiones.


El patrón comienza a ser visible: captura, fragmentación, reorganización y continuidad.


¿Por qué resulta tan difícil llegar a las cabezas?


  1. Una primera razón es la compartimentaje. Quienes cobran el cupo, realizan una llamada, transportan un arma o ejecutan un atentado pueden conocer únicamente una pequeña parte de la estructura. Una organización de este tipo puede perder operadores sin revelar automáticamente a quienes administran el dinero, coordinan las células o toman las decisiones.


    La propia definición internacional del crimen organizado transnacional reconoce que estas estructuras pueden adoptar formas jerárquicas, redes, clanes o células y que uno de sus objetivos es precisamente aislar a sus dirigentes de la detección y persecución penal.


  2. Una segunda explicación es la transnacionalización del mando. Algunos dirigentes operan desde otros países. En 2026, por ejemplo, autoridades peruanas participaron en la captura en Bogotá de alias “Nairobi”, señalado como dirigente del Tren de Aragua con responsabilidad sobre actividades desarrolladas en Perú y Estados Unidos. Jhonsson Pulpo, por su parte, fue ubicado en Bolivia. Esto obliga a depender de inteligencia y cooperación internacional, haciendo más compleja la persecución.


  3. La tercera vulnerabilidad es la corrupción o infiltración institucional. El caso del Metro de Lima resulta especialmente significativo porque policías fueron investigados por presuntamente proteger a los operadores y alertarlos sobre intervenciones.


  4. Finalmente existen limitaciones tecnológicas y procesales. El fiscal superior Jorge Chávez Cotrina señaló en marzo de 2026 que investigar organizaciones complejas requiere meses de interceptaciones y análisis digital. También advirtió sobre la limitada capacidad para procesar los numerosos celulares incautados y los retrasos en la obtención de evidencia informática, factores que dificultan reconstruir toda la cadena de mando y no únicamente detener al ejecutor.


El verdadero objetivo es controlar el mercado


Detrás de esta capacidad de regeneración existe una poderosa explicación económica.

La organización “Cuentas del Miedo”, desarticulada en abril de 2026, habría obtenido más de S/9 millones extorsionando empresas de transporte desde 2023. “Los Despiadados II” habrían generado alrededor de S/1,8 millones anuales mediante cobros diarios a transportistas, suficientes para financiar armas, sicarios, logística, corrupción, protección, comunicaciones y reemplazos.


Cuando una plaza criminal produce ingresos permanentes, la captura de cinco o diez integrantes genera un vacío que otros actores tienen incentivos económicos para ocupar.


¿Hacia dónde puede ir el Perú?


En el corto plazo (los próximos 6 a 12 meses), probablemente continuaremos observando numerosas capturas y desarticulaciones, pero también procesos de reemplazo, fragmentación y disputas por los espacios dejados por las células golpeadas. El riesgo es evaluar el éxito por el número de detenidos y no por la reducción efectiva de los ingresos y la capacidad operativa de la organización.


En el mediano plazo (entre uno y tres años), el principal riesgo es una mayor convergencia entre grupos locales y estructuras transnacionales. Las organizaciones peruanas ya están adoptando métodos empleados por redes extranjeras, mientras que grupos internacionales utilizan actores locales para ejecutar determinadas funciones. El resultado podría ser un ecosistema criminal más flexible, tecnológico y difícil de atribuir a una única organización. InSight Crime ya ha identificado este proceso de adaptación entre bandas peruanas y estructuras como el Tren de Aragua.


En el largo plazo, el escenario dependerá de la capacidad del Estado para cambiar el enfoque. CEPLAN advierte que, de mantenerse las tendencias actuales, las redes criminales podrían incrementar el uso de tecnologías emergentes, diversificar sus actividades y consolidar nuevos centros de criminalidad. El estudio prospectivo del Ministerio de Justicia hacia 2050 plantea precisamente la necesidad de anticiparse a estos procesos y evitar los escenarios más críticos.




El desafío, entonces, ya no consiste únicamente en capturar delincuentes, sino en impedir que la organización pueda reemplazarlos.


Eso supone atacar simultáneamente el dinero, las cuentas receptoras, el lavado de activos, las redes de corrupción, las comunicaciones, los arsenales, los mandos ubicados en el extranjero, la logística penitenciaria y los mercados que generan los ingresos.


Porque cuando una organización puede perder una célula y reemplazarla poco después, la captura es un golpe táctico; la verdadera victoria estratégica ocurre cuando el mercado criminal deja de funcionar.

 
 
 

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